Con una limitadísima producción de tan sólo 4.253 botellas, refleja el compromiso de la familia Valdemar con las
variedades autóctonas minoritarias de Rioja y con la elaboración de blancos con personalidad propia.
Gracias a su cuidada y meticulosa elaboración, se obtiene un vino de gran expresión aromática y perfecto equilibrio que despliega intensas notas de fruta de hueso, cítricos y flores blancas, con una textura sedosa en boca y una acidez vibrante que aporta tensión, frescura y una personalidad única.
