En el Concello de Crecente, al sur de Rías Baixas y casi en Ribeiro, los antepasados de José Antonio Canda Gil plantaron las primeras cepas.

El amor por esa tierra y por esas plantas se transmitió de generación en generación, cultivaban las viñas, cosechaban la uva y elaboraban vino para consumo local, y mientras tanto, se ganaban la vida con otros menesteres.

Pero José Antonio tenía un sueño, quería ver su vino legalizado antes de morir, es decir, quería fundar una bodega.

Ésta es la historia del sueño de José Antonio Canda Gil convertido en realidad: Adega Terras do Sur, que se fundamenta en la excelencia de su uva y su traducción en magníficos vinos: