Es muy difícil embotellar la esencia de 5 generaciones y 130 años de vida en viña y bodega pero en Valdemar se habían decidido a hacerlo por lo que lo primero que hicieron fueron estudios de los diferentes suelos de sus parcelas, cruzándolos con parámetros de oreografía, climatología y comportamientos de las cepas.

El objetivo, encontrar la parcela que reflejara ese espíritu de amor por el trabajo y pasión por el vino. Esa parcela se llama La Recaja y el vino que nació de ella, os lo traemos aquí: