Terra d’Art: Descubriendo la magia del Valle de Ahillas

>El mayor coste en un proyecto de bodega es la viña, en términos económicos y de tiempo también

>Este año (2018) ha sido muy complicado y quien no ha ido a cuidar su uva lo tiene que estar pagando…

>Yo he ido muy lento, muy pausado. Sí que es verdad que eso ha provocado que a veces me falte vino, pero es que a mí me cuesta mucho hacer cada botella de vino

>A todos nos gusta probar algo nuevo y diferente pero para poder elaborar algo nuevo y diferente, tienen que pasar muchos años

A mediados de diciembre emprendimos un viaje casi iniciático a la comarca del Alto Turia en el interior de Valencia, y digo iniciático porque jamás me habría imaginado esa altitud que sobrepasó en varias ocasiones los 1.000 metros sobre el nivel del mar, ni esa pendiente del 12% al subir el puerto, ni tampoco, porqué no decirlo, ese frío cortante que me recordaba más a mi Madrid natal que a tierras mediterráneas.

Juan José Martínez Palmero, fundador junto con su familia, alma y cuerpo que impulsa día a día el proyecto Terra d’Art, nos guió por estos hermosos parajes y mientras nos mostraba orgulloso sus viñas, nos desgranaba su historia, su pasión, su sin-vivir, la razón por la que se levanta a las 5 de la mañana de lunes a domingo:

La elaboración de vinos frescos y de terruño, vinos que expresen el clima del que proceden, vinos que marcaran una diferencia de calidad comenzando a pie de viña.

Empezamos viaje

Terra d’Art está situada en la pequeña aldea de Ahillas a la que se llega tras superar un puerto con un 12% de desnivel en la subida -hay puntos que llegan al 18%- En 12 km desde Chelva o Calles se pasa de 400m de altitud a superar los 1.000 metros. Entramos por el final del valle y lo más alto está en el término de La Yesa a 1.200m. Pero es en el valle donde desperdigadas a mayor o menor altitud, crecen sus cepas.

Juan José Martínez Palmero nos recibe a la puerta de la bodega una fría, muy fría mañana de invierno y agradecimos haber mirado la previsión del tiempo con antelación porque pudimos equiparnos en consecuencia, ¡no te esperas este clima dentro de la provincia de Valencia! Al menos profanos como nosotros.

Yo aquí soy la unidad de rescate, me toca bajar a los accidentados a Chelva, algunas veces con lesiones muy gordas, porque aquí no hay ningún tipo de servicio de salud. A veces también aparecen excursionistas perdidos, gente que se queda atascada con la lluvia, con la nieve… Yo he abierto muchas veces la carretera bloqueada por la nieve y otras veces he subido detrás de la quitanieves

En seguida nos subimos a su 4×4 para conocer sus viñas y mientras cruzábamos el pueblo nos hablaba de su triste despoblación. Nos cuenta que en la comarca había muchas parcelas plantadas de airén que se destinaban a las dos antiguas alcoholeras que había en Ahillas. Hace unos 150 años, cerca de 200 familias vivían de esa producción, hoy en día la población se reduce a 12 personas.

Es que es normal, no hay trabajo, o mejor dicho, el trabajo que hay no renta. A lo que se dedica la gente ahora es a los almendros.

Curiosamente entre los pocos habitantes que hay muchos son artistas. Tienen los talleres en la parte de arriba, en pajares antiguos, pero la mayor parte del tiempo están fuera de la aldea exponiendo, son artistas conocidos que exponen en Londres, Nueva York…

El haber sido elegida como localización para artistas de este nivel nos puede dar una idea de la belleza de la aldea y de la comarca.

Luego hay dos que tienen ganado y algún loco más…

Empezamos: las primeras parcelas y los inicios

En primer lugar nos dirigimos a una viña de merseguera con la friolera de 85 años. Se compone de dos parcelitas que estaban totalmente abandonadas y desde la que podemos ver la nieve de las montañas colindantes:

Nosotros lo que hicimos fue podarlas, ver por donde movían y a partir de ahí empezamos a trabajar. Estuvimos tres años hasta que pudimos empezar a producir y ahora llevamos 10 años con producción en estas parcelas.

En el coche nos vamos enamorando del entorno, salpicado con almendros y nogales, no podemos evitar pensar lo hermoso que debe ser este paisaje en primavera…

Al inicio del proyecto encargamos estudios de suelos. Aquí en Ahillas lo que hay típico es este tipo de piedra gorda, que viene del cretático. Es arenisca y se va deshaciendo poco a poco. También hay terreno calcáreo pero poca arcilla y mucho fósil, de caracol por ejemplo, porque esta tierra estuvo cubierta por el mar. Por eso estos suelos nos dan esos vinos más frescos y salinos, lo vais a ver luego en Madura (su vino blanco más exclusivo).

La verdad es que aquí los suelos están bastante bien gracias a que no se ha utilizado nunca herbicidas ni prácticamente nada, azufre y cobre para la viña y se acabó.

Nosotros trabajamos mucho la cubierta vegetal natural, los años que se puede. Ojalá se pudiera todos los años pero en los años secos no puedes dejar hierba porque puedes incluso llegar a cargarte la viña.

Su familia más inmediata no es de tradición viticultora, de hecho su padre es charcutero sobre ruedas ¡Tiene un auténtico Food Truck!!!!

He vendido -y de hecho sigo de vez en cuando como el martes pasado- mucha mortadela y jamón. Mi bisabuelo sí tenía viñas en Villar (del Arzobispo) pero mis abuelos tuvieron que irse a Francia a trabajar y todo eso se perdió.

Juanjo nos cuenta que su padre se acordaba mucho de cuando iba con su abuelo en el carro a recoger la uva:

Yo he pasado todos los veranos en Villar, iba con mi abuelo a ver las viñas y de alguna manera se nos quedó el gusanillo. Pero cuando empezamos yo decidí que no quería trabajar en Villar -y lo miramos- por el clima cálido. Este clima es mucho más continental, en años como éste yo diría que atlántico.

Queríamos hacer vinos más frescos, vinos que dieran algo diferente a lo que estamos acostumbrados en la D.O. Valencia. Aquí nieva todos los años…

Encontraron estas dos parcelitas y otra más hace 16 años y empezaron a elaborar poco a poco. Al principio 100 botellas, luego 200…

Llevo estudiando el tema del vino y elaborando desde los 18 años. Claro está, era algo un poco casero pero me sirvió para luego poder experimentar.

Nos bajamos del coche enfrente de la viña de merseguera a 890-900m de altitud:

Esto son mersegueras y de la mitad al final, bobal. Aquí se plantaba mucho mezclado pero no tan bien como ésta. Lo normal es que hubiera dos plantas de merseguera, una de garnacha blanca, una de moravia, una de garnacha tinta, y otra de bobal.

La parcela más alta que tienen está a 1.200m de altitud y el suelo es todo grava. El clima de esta zona se parece al de algunas zonas de La Manchuela, bastante extremo.

Aquí cuando hace aire para podar en invierno es insoportable… La añada 2017 perdimos cerca de un 60% de producción en blanco por el frío.

La selección de uva la hacen en el viñedo durante la vendimia, le quitan la pasa, la que está verde, la que pica un pájaro…

No sé lo que le pasa a los otros que parece que tienen racimos perfectos, a nosotros, salvo excepciones, no nos pasa, aunque supongo que le quitarán algunos granos para la foto.

Seguimos: el cuidado de la viña, la biodinámica y más

Aunque reconoce que si se aplican productos sistémicos en la viña se puede evitar podredumbre, ellos no lo hacen:

Nosotros trabajamos todas las parcelas en ecológico, mínimo laboreo y mucho trabajo en la viña cuando está en verde. La certificación de conversión en ecológico tarda tres años y así de parcela en parcela, tener la bodega con dos líneas una en ecológico y otra no, es inviable para una bodega como la nuestra, es carísimo.

En los 15 años que llevan aquí no han abonado las parcelas y creen en la biodinámica a medias, aplican lo que les parece de sentido común:

Practicamos algunos principios biodinámicos como las aplicaciones de corteza de levadura en viñedo. Creo que está yendo fenomenal aunque eso el tiempo lo dirá, es a largo plazo.

Las mejores parcelas se podan en menguante y se nota, las cepas están mucho más compensadas, en bodega los trasiegos los hacemos en menguante que es la luna más relajada.

Al final estoy haciendo lo que hacía mi bisabuelo en Villar hace 100 años.

Somos urbanitas, hemos perdido nuestro origen animal porque hasta no hace mucho tiempo éramos cazadores y cuando el cuerpo estaba más activo era cuando había luna llena, siempre hay mucho más movimiento en luna llena.

Además en todas nuestras parcelas contamos con la inestimable ayuda de las lombrices que lo remueven todo. Estoy muy contento con este suelo, la mayoría compuesto de arenas y gravas, la verdad es que es impresionante.

Nos muestra algunos fallos que ellos están intentando repoblar aunque en esta parcela repoblar es una tarea difícil porque las raíces de las otras plantas lo acaparan casi todo. Nos parece muy curioso que aquí hubiera hasta parcelas enteras de garnacha blanca, pero la mayoría desaparecieron con el boom del arranque que coincidió más o menos con el inicio de su actividad:

En esta zona es muy difícil todo, la gente no se fía de ti hasta que te conoce durante 20 años. Se paga muy poca contribución por el terreno y la gente tiene muy enraizada la creencia de que si pierdes la tierra lo pierdes todo. Yo ahora mismo estoy intentando plantar porque en 2020 me cumplen los derechos de plantación y me las estoy viendo negras para conseguir una parcela. Incluso hay gente que ni siquiera te quiere vender 200kg de uva para elaborar, he visto arrancar plantaciones muy chulas, de viñas muy viejas, porque los propietarios han preferido eso a venderlas.

A pesar de ello, algunos propietarios de la zona han oído hablar de él y le vienen a ofrecer sus parcelas pero a Juanjo le interesa únicamente lo que está dentro del valle porque si no, el clima cambia y el clima es probablemente uno de los factores que mayor importancia tiene para dotar a sus vinos de esa singularidad que los diferencia de otros vinos de la comarca.

Vemos mucha grava y Juanjo nos cuenta que de la mitad de esa parcela proviene la uva de su vino blanco más exclusivo: La Madura, y el resto se destina al Flor de Ahillas. Son viñas muy viejas algo que se puede ver observando la parte de abajo de los troncos. Es una parcela que produce muy poco, con mucha concentración y con ese toque salino del que hablábamos antes, cuando esta tierra estaba cubierta por el mar.

En total, juntando todas las parcelas, reúnen unas 20.000 plantas para producir 27.000kg. que ha sido la producción de este año. Los marcos de plantación son diversos, en las plantaciones más jóvenes ha jugado con un marco más denso para crear mucha competencia entre ellas.

La parcela que tengo a 1.200m de altitud en el término municipal de La Yesa es relativamente joven (35 años) y está plantada con merseguera en *espaldera. Hay otra cerca de unos 45 años.

Al lado de la rambla que gira tenemos otras parcelas más pequeñitas también de grava y que se han estado labrando hasta ahora con los machos (bueyes)

Lo que más cuesta en un proyecto de bodega es la viña, en términos económicos y de tiempo también.

La influencia del clima

Aunque el mar se encuentra en línea recta, les separan unas cordilleras que en algunos casos pueden llegar a los 1.400 m de altitud lo que impide la influencia marina. Para poner un ejemplo, los efectos de la gota fría aquí ni llegan. Y detrás, otras montañas les separan de Teruel, que les queda mucho más cerca.

En cuestión de lluvias este año ha sido bueno, cercano al nivel gallego, pero lo normal es que se parezca más a la pluviometría de la Rioja Alta. Lo bueno es que aquí cada añada es un mundo, no hemos labrado desde junio y la verdad es que ha retenido muy bien el agua.

La brotación se produce casi un mes más tarde que en otras zonas, incluso que en Utiel-Requena que también tiene altura, por lo que también vendimian más tarde. Esto implica más riesgos de todo tipo porque una vez adentrados en septiembre hay más posibilidades de tormentas, lluvia…

No hay polilla porque baja mucho la temperatura por la noche y tampoco hay mucho problema de humedad aunque este año (2018) ha sido más complicado por el continuo pase de frentes desde finales de agosto. Sí puede haber algo de ovidio, lo que es más raro es encontrar mildiu. La plaga más grande que sufren son las avispas que les hace perder mucha producción, casi racimos enteros, además atacan la uva en su mejor momento:

Este año (2018) ha sido muy complicado y quien no ha ido cuidar su uva lo tiene que estar pagando…

Las heladas son un motivo de constante preocupación, todos los años les cae una o dos pero el 2017 fue el peor:

El año pasado que veníamos de la helada del 2017, la viña rebrotó por muchísimos sitios y eso había que arreglarlo en la poda. Tuve que podar 200 plantas al día.

Jugando con las variedades

La siguiente parada es en una plantación de tan sólo 10 años. Es la última parcela que han plantado, con conducción en *espaldera en terreno arenoso:

Lo que he intentado hacer aquí es recrear viñas viejas siendo jóvenes. Las planté muy, muy juntas, en calles bastante estrechas para que establecieran mucha competencia entre ellas.

Nos encontramos en primer lugar con una plantación de maturana blanca, elegida por sus racimos pequeños y no demasiado compactos, lo que va ayudar a la hora de elaborar el vino.

En estos momentos hay un problema y es que a todos nos gusta probar algo nuevo y diferente pero para poder elaborar algo nuevo y diferente, tienen que pasar muchos años.

Con la maturana blanca buscan complementar a la merseguera a largo plazo y el 2018 es el primer año que ha producido. Han salido sólo dos cajas pero a Juanjo le está gustando mucho, de hecho quiere hacer elaboraciones con ella por separado para experimentar. Destaca que madura un poco antes que la merseguera y obtiene un mayor grado (13º), pero además, tiene buena acidez, por encima de la merseguera. Está claro que se ha adaptado muy bien a este clima :

A la merseguera no podemos sacarle grado y acidez, es imposible, entonces yo prefiero sacrificar el grado y tener una buena acidez en el vino, que sea un vino fresco que nos pueda durar muchos más años, aunque en años como éste, sólo tenga 11º

Un poquito más allá las cepas son de prieto picudo que Juanjo dice que también se ha integrado muy bien en este entorno y de hecho ya forma parte de un ensamblaje que probaríamos después en bodega. No obstante su idea es elaborar un vino mono-varietal con esta uva que le encanta, aunque le frena el tema de sacar demasiadas referencias siendo una bodega pequeña porque considera que es marear un poco al consumidor.

Justo a su lado encontramos mencía y al fondo graciano. A lo lejos nos muestra otra parcela a lo lejos plantada con maturana tinta:

Mola mucho visitar la parcela de la bodega en octubre porque tengo 10 variedades plantadas y las hojas de cada una se pone de un color. Sólo trabajo con variedades de la península, no tengo ni cabernet ni syrah ni merlot, eso lo he tenido siempre muy claro.

Y también tienen garnacha que normalmente utilizan para elaborar su rosado porque prefieren el estilo más afrancesado. La ensamblan con monastrell que aquí da muy buenos resultados por la altitud, un poco de bobal y un pelín de bruñal. Sí, también tienen plantada bruñal y algo de rufete y juan garcía

Buscamos diferenciarnos de lo que hay alrededor nuestro, tanto en Utiel-Requena como en Valencia

Aunque no llegamos a verla de cerca, Juanjo nos enseñó de lejos una parcela en la que hay una planta de cerca de 150 años, plantada entre las piedras, y que resulta que es una variedad antigua que había aquí que se llama marciacan (un clon lejano de la monastrell).

Juanjo ha encontrado cuatro o cinco plantas más y cree que no hay más. Van a injertar unas cepas de juan garcía que no se han adaptado bien con esta variedad que obviamente está más que adaptada y en la que Juanjo tiene mucha confianza:

Estas cosas hay que mantenerlas.

Su visión de elaboración

Los 15 años de edad de Terra d’Art han permitido que Juanjo evolucione no sólo en la práctica de la viticultura sino en la de la elaboración también:

Cuando estás estudiando o recién salido de la Escuela, quieres hacer todas las chorradas que se te ocurren y los vinos se te empiezan a oxidar, trabajas con pieles con variedades con las que no hay que trabajar con pieles, lo metes en tinajas… Pero al final eso el público no te lo va a entender.

Yo personalmente soy partidario de los vinos naturales o hechos de manera muy tradicional pero sólo cuando se puede, porque cualquier cosa la podemos hacer todos.

Nuestro vino La Madura en ciertas añadas creo que ha pesado un poco de demasiada barrica pero aguanta muy, muy bien el paso del tiempo porque tiene una acidez, una frescura… Y has elaborado con un trabajo de lías fino

Yo he ido muy lento, muy pausado. Sí que es verdad que eso ha provocado que a veces me falte vino, pero es que a mí me cuesta mucho hacer cada botella de vino

De vuelta en el coche pasamos por una parcela que se la había ofrecido a Juanjo una mujer mayor porque sus hijos no querían dedicarse a cultivarla. Una parte de la parcela son casi todo pies (patrones o porta-injertos) y va de los 1.200 a los 1.400 metros de altitud. Es la más fría de todas y donde más nieva.

Se la ve muy cuidada en comparación con las colindantes. La tierra aquí está muy suelta y eso permite que no haya que labrarla mucho, lo malo es que las cepas tienen que competir con carrasca (encinas), tomillo y pinos, por el agua del suelo, algo que por otro lado tiene su cara positiva porque esos aromas se trasladan a los vinos, sobre todo a los tintos.

La importancia de la familia

La hermana de Juanjo también es enóloga y entre ellos dos y su padre hacen todo el trabajo aunque de las faenas en viña se encarga prácticamente él solo.

Mi hermana viene un par de mañanas conmigo y mi padre las tardes que puede, le gusta mucho la azada. El resto del tiempo se lo tienen que dedicar a la charcutería. Nosotros, toda la familia, nos levantamos casi todos los días a las 5 de la mañana, ya sólo en temas de papeleo se te va un montón de tiempo.

Juanjo vive con su mujer y su hijita pequeña cerca de Valencia ciudad. En invierno pasa dos días enteros con sus noches aquí pero a partir de mayo está aquí a diario.

Y aquí lo dejamos por el momento. En la siguiente entrega os hablaremos de la elaboración de sus vinos y de más cosas. Por supuesto los catamos y os los contaremos.

*Sistema para conducir la vid mediante un empalizado que sirve de guía a la vegetación para que crezca verticalmente y se dispone en líneas o calles (Fuente Vinistas.com)

©Mara Funes Rivas – Febrero 2019

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