Celler Crivellé i Valls: creando pequeñas obras de arte

➡️ La bodega se funda por la unión de dos impulsos, dos fuerzas que aman tanto el vino como para crear esta pequeña aventura. Son la pareja formada por Cristina Valls y Raül Crivellé

➡️ Creemos que contamos con los elementos perfectos para obtener unos vinos excelentes: un terroir único, cuatro generaciones de experiencia en viticultura, la sostenibilidad en nuestra forma de hacer, y lo más importante, el entusiasmo incondicional para seguir aprendiendo

➡️ Lo bonito es generar pasión, por el mundo del vino y la viticultura, apartarnos del mero hecho empresarial

➡️ Lo más fácil visto desde un punto de vista meramente económico, sería cosechar la uva, venderla -que actualmente la pagan a un precio razonable- y olvidarse del esfuerzo que conlleva una bodega, pero es que los vinos que elaboramos son pequeñas obras de arte


La finca Mas d’en Gil se encuentra en el término municipal de Morera de Montsant, al pie de la cordillera del Montsant, al noreste de la zona central de la comarca del Priorat.

En la orilla del río Siurana y protegidas por varias barreras naturales, crecen las cepas que han cultivado cuatro generaciones de viticultores y es el inicio del proyecto Celler Crivellé i Valls:

Un proyecto de bodega con el objetivo de elaborar vinos que transmitan la esencia del terroir y una forma de entender la viticultura regenerativa. Seguimos principios de sostenibilidad para extraer el mejor potencial de los viñedos y la regeneración de sus suelos.

Crivellé y Valls: dos apellidos, una familia, un propósito alrededor

Con origen en una familia de viticultores, que durante más de cuatro generaciones han estado cultivando los viñedos en la finca de Mas d’en Gil, aquí conviven viñas viejas de más de 90 años, junto con otras plantadas más recientemente.

La bodega se funda por la unión de dos impulsos, dos fuerzas que aman tanto el vino como para crear esta pequeña aventura. Son la pareja formada por Cristina Valls y Raül Crivellé:

Somos una pequeña bodega familiar que elabora vinos de viñedos propios. Creemos que contamos con los elementos perfectos para obtener unos vinos excelentes: un terroir único, cuatro generaciones de experiencia en viticultura, la sostenibilidad en nuestra forma de hacer y lo más importante el entusiasmo incondicional para seguir aprendiendo y elaborar nuevas obras de arte para seguir compartiéndolas con nuestros amigos.

Raül Crivellé

Y es que esta cuarta generación recuperó la tradición de las dos primeras, que por costumbre elaboraban vino en la masía que aún se mantiene en pie en la finca:

Fundamos la bodega en el año 2014 para cumplir nuestro sueño como viticultores: poder vinificar nuestra propia uva.


El viñedo

Su ubicación geográfica le permite beneficiarse de un microclima característico en la comarca. La fresca brisa que entra en las tardes de verano conocida como marinada o garbinada, suaviza la temperatura.

Sus suelos de licorella (pizarra) y limo, junto a una climatología muy seca en verano con un amplio contraste térmico entre el día y la noche que puede alcanzar los 18-20º de diferencia, mucho frío en invierno y una baja pluviometría anual de 500 litros, componen un paisaje que nos hace entender porqué la viticultura forma parte de uno de los cultivos habituales de la zona desde que los monjes cartujanos la potenciaran alrededor del año 1200.

Las viñas y las variedades

Trabajan con las varidades autóctonas garnacha y cariñena, y con las foráneas pero ya impecablemente integradas, syrah y cabernet sauvignon que se fueron incorporando en función de la demanda que recibían.

Las más viejas se plantaron en 1930 y las más recientes en 2014. Practican una viticultura regenerativa que va más allá que la ecológica, Raül nos lo explica:

La tierra debe ser como una despensa, con todo tipo de alimentos indispensables y equilibrada. Hay que ir repostando y ayudando a regenerar todo lo que se gasta y esto implica materia orgánica, minerales, microbiología.. Buscamos el equilibrio, usando de forma racional todos las aplicaciones y entendiendo que no es un bien inagotable.

Tanto su localización como su orografía determinan que aquí se acostumbre a vendimiar entre 8 y 12 días más tarde que la mayoría de los municipios situados más al oeste.


Las personas

El equipo de Celler Crivelle i Valls lo conforman el matrimonio formado por Cristina Valls y Raül Crivellé, contando con la aportación de Roser Amoros, enóloga que les asesora a lo largo de todos los procesos.

Cristina se ocupa del departamento comercial, la contabilidad y todo lo relacionado con el enoturismo. Raül se encarga de la viticultura y el trabajo en bodega aunque también apoya en el impulso comercial y por supuesto, con el enoturismo.

A día de hoy ni Cristina ni Raül pueden permitirse dedicarse al 100% a la bodega dado su pequeño tamaño, por lo que compatibilizan su pasión con otros trabajos. No obstante y dada la progresión que están experimentando, la idea es que en breve uno de los dos pueda ya trabajar solamente en la bodega.

Por ello se han preparado realizando diversos cursos de enología, viticultura, contabilidad y gestión de bodegas, y realizando prácticas en bodegas. No obstante consideran que la propia experiencia es lo que aporta el mejor conocimiento.

En bodega

Sabemos que para hacer un buen vino hay que partir de muy buena uva y para eso es imprescindible tener unos conocimientos de viticultura buenos y sobre todo conocer el terroir donde tienes los viñedos, para saber en cada momento las necesidades de estos y el momento más óptimo de cosechar la uva, que en este caso es manual.

Raül Crivelle

Sus instalaciones se encuentran en los bajos de una casa situada dentro del núcleo de la población de Poboleda. Aprovechan parte del espacio donde se situaban los antiguos lagares de fermentación de la uva para realizar la crianza de los vinos, dadas sus excelentes y naturales condiciones ambientales.

La bodega tiene una capacidad de producción limitada, pensada para elaborar la cosecha de los viñedos propios, y ya desde el momento de la vendimia saben, en la mayoría de los casos, a qué vino irá cada uva.

Elaboran tratando de intervenir lo mínimo posible, observando siempre la premisa de que un vino necesita su tiempo en todos los procesos.

La tecnología siempre es una buena ayuda, pero por suerte, hacer un buen vino no depende de utilizar más o menos tecnología, por eso tenemos la necesaria sin ser la prioridad en una elaboración.

Es ya el momento del cara a cara y agradecemos a Raül Crivèlle que nos dedique un poco de su invaluable tiempo entre trabajos:

¿Cuál fue vuestro primer vino?

El vino blanco Xènia elaborado con garnacha blanca al 100%

¿Cómo y por qué vinieron los demás?

La idea ya era hacer dos tintos pero su elaboración era más larga que el blanco, por eso tardamos un poco más.

En cuanto al Cabernet Savignon de Vendimia Sobremadurada, fue una apuesta por hacer un vino muy singular y poco habitual  de esta variedad.

¿Pensáis ampliar familia?

Si, estamos en ello ¡Os iremos contando!

 Los vinos del Celler Crivellé i Valls

En la actualidad elaboran 4 vinos: 1 blanco, 2 tintos y un tinto dulce. Os los mostramos a continuación:

XÈNIA BLANCO
DOLÇ

 

Presente y futuro

Si echáis la vista atrás ¿cómo veis la trayectoria de Celler Crivellé i Valls?

Pienso que estamos creciendo en experiencia personal, en aceptación de nuestros productos y nuestra forma de hacer. Sobretodo me parece que es un viaje apasionante con mucho que aprender.

¿Cómo veis vuestro futuro en el contexto regional y nacional?

La verdad es que bien. Hoy en día no hay barreras gracias a las nuevas tecnologías, las distancias no existen, y el vino es un producto internacional.

¿Cómo enfocáis vuestro futuro a corto y medio plazo? ¿Más hacia al mercado nacional o al internacional?

Tocamos un poco los dos mercados, siempre es interesante diversificar.

¿Cuál es vuestra percepción del consumidor de vino? ¿Habéis observado evolución o lo veis todavía reticente a las novedades?

Cada vez hay más cultura del vino de calidad, sobretodo entre los más jóvenes y esto es gracias al gran trabajo del sector y sobre todo al enoturismo que acerca  al consumidor al elaborador/viticultor.

Creo que al consumidor cada vez le gusta probar más cosas nuevas fruto del aumento de cultura del vino, pero al final yo siempre digo que cada momento, entorno, situación o evento gastronómico requiere de un vino que te sea apetecible en ese momento.

¿Entiendo entonces que realizáis actividades de enoturismo?

Sí, de hecho en este momento estamos en proceso de desarrollo de esta rama de divulgación. Es una manera muy efectiva de aproximar al cliente final a tus vinos, dando a conocer el cómo, el dónde y quien los elabora.

Hacemos visitas guiadas en bodega, recorremos los viñedos y proponemos cata de vinos con maridajes.

Entorno al vino, recurrentemente nos encontramos con un debate sobre la mesa ¿debe ir siempre acompañado de comida o hay espacio para el consumo social de vino como el de cerveza?

Hay vinos que son más adecuados para acompañar comida y hay otros más adecuados para consumo social de forma genérica. Pero al final el consumidor es el que marca la pauta y esto también depende de diversos factores como la época del año (climatología), la zona geográfica…

¿El futuro del vino está en los jóvenes? ¿Los veis interesados?

Creo que cada día hay mas cultura del vino entre los jóvenes, pero lo bonito es generar pasión, por el mundo del vino y la viticultura, apartarnos del mero hecho empresarial.

Nosotros de momento no podemos vivir de este proyecto,cada uno de nosotros tenemos nuestro trabajo, lo que implica un importante sacrificio, pero lo hacemos con mucho gusto para poder tirar adelante el proyecto.

Lo más fácil visto desde un punto de vista meramente económico, sería cosechar la uva, venderla -que actualmente la pagan a un precio razonable- y olvidarse del esfuerzo que conlleva una bodega, pero es que

Los vinos que elaboramos son pequeñas obras de arte.

Empezando por el máximo respeto hacia el medio natural a la hora de trabajar los viñedos, lo que signfica que hacemos la mayoria de las labores manualmente, y el uso racional de las aplicaciones imprescindibles, no utilizando herbicidas y teniendo en cuenta el calendario lunar para los trabajos en el campo y la bodega.

©Mara Funes Rivas – Junio 2021


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