15 años de Bodegas Bentomiz: 2003-2018

La Axarquía es un lugar sobre el que aunque utilices una infinidad de adjetivos para describirlo, siempre se te quedarán cortos porque es tan inabarcable, descriptivamente hablando, como tratar de embotellar belleza pura en un frasco.

En este entorno de belleza inenarrable nos encontramos con Clara y André, una pareja holandesa que dejó su país natal para buscar su destino en España, y acabó encontrándolo en este recóndito paraíso, y no construyendo villas como era su intención inicial, sino elaborando vino de calidad contrastada.

Ventana-a-la-Axarquía
Ventana a la Axarquía

Una mirada atrás

Estamos Clara y yo en el porche de la bodega, en un ambiente de paz, rodeados por una naturaleza a ratos salvaje a ratos amable, que nos lleva al pasado y nos trae de vuelta al presente.

La bodega toma el nombre Bentomiz de la montaña que está al otro lado del valle que se ve desde la bodega. Se trata de un nombre histórico proveniente de las ruinas de un castillo moro. Por extensión, en la época del dominio árabe a todos estos pueblos se les llamaban “los pueblos blancos de Bentomiz” porque se gobernaban desde el castillo.

La marca de los vinos es Ariyanas, elegida porque muy cerca de la bodega hubo una aldea árabe que se llamaba Ariyanas, donde los moros se dedicaban al cultivo de la vid y hacían vino, sí vino, pero lo llamaban “jarabe medicinal” porque se suponía que no era para disfrutar.

La palabra árabe Ariyanas significa aromático.

Hierbas-aromáticas
Hierbas aromáticas en Bentomiz

Clara y André se afincan en la zona en el año 1995, hace 23 años.

CLARA VERHEIJ: Aquí no había nada, únicamente la higuera, un almendro y algunos olivos. Era como una finca abandonada. En realidad era exactamente lo que queríamos porque André es constructor, es arquitecto técnico.

La razón que les impulsó a cambiar de lugar de residencia, de país en realidad, era la necesidad que tenía André de más espacio para construir sus casas, es su pasión.

C.V.: Holanda es pequeñita, queda poco espacio y en el sur de España había más posibilidades. Son originarios de Utrecht.

Sin embargo no vinieron sólo por André, la verdad es que ambos habían llegado a un momento en su vida en que necesitaban un cambio en su vida. Clara tenía 32 años y André 30, eran lo suficientemente mayores y conscientes para saber lo que querían pero todavía tenían la fuerza, el empuje y las ganas de aventuras de la juventud.

En los 3 años previos a la mudanza a España planearon la estrategia, pensaron y planificaron. Durante esos 3 años viajaron por toda España, aunque España no fue siempre su único destino potencial, en realidad, en un primer momento Portugal también entró en la quiniela. Recorrieron toda la península ibérica, visitaron el norte, Extremadura, Valencia, pero gradualmente el cerco se fue cerrando sobre Andalucía. El clima también influyó, el espacio, la gente también.

C.V.: Nos gustó mucho la mentalidad.

Por casualidad llegaron un día a Cómpeta y se lo pasaron muy bien. Decidieron concertar citas con inmobiliarias para sondear el terreno. Tras un año más recorriendo la península, volvieron a Cómpeta con la intención de localizar una parcela abandonada donde André pudiera construir su casa. Contaban con algo de dinero procedente de la venta de su casa en Utrecht que habían vendido tras renovarla completamente.

C.V.: No era mucho pero nos tenía que valer para comprar el primer terreno y afincarnos aquí. También tenía que cubrir la compra de otra parcela para que André pudiera construir poco a poco su primera casa para la venta.

Cómpeta
Cómpeta

Durante esos años previos a su asentamiento en España, Clara llega a la conclusión de que va a necesitar otra especialización académica aparte de su licenciatura en antropología, que no le iba a ser de mucha utilidad en pueblos como Sayalonga o Cómpeta. Necesitaba algo más práctico y se decidió por estudiar traducción holandés-español.

C.V.: Me gustó mucho hacer esa carrera a pesar de que fueron años muy duros porque durante el día yo trabajaba como antropóloga y por la noche tenía que estudiar.

Ya entonces había mucho vino en la vida de Clara y André:

C.V.: En Holanda no se hace vino pero se importa de todo el mundo. Nosotros éramos aficionados al vino con un nivel superior a la media, la parte bebedora la dominábamos bastante bien. Estábamos suscritos a revistas de vino, organizábamos comidas y cenas en las que el vino siempre estaba en el centro, era el protagonista.

Entonces nos afincamos aquí, André fundó su empresa de construcción y yo empecé a dar clases de español a los “guiris”, lo que me llevó a abrir en poco tiempo una escuela de idiomas en Cómpeta.

Descubren el vino de Málaga

No tardaron mucho en darse cuenta de que estaban rodeados de viñedos y pensaron que era muy interesante. Es cierto que ya se habían percatado de ello en sus primeras exploraciones porque además el vino de Cómpeta es un vino de terreno reconocido en la zona.

Y llega un día en el que adquieren una parcela que por casualidad, tenía un viñedo abandonado. Y piensan ¿por qué no plantar viñedo de nuevo?

C.V.: Nuestros amigos, nuestros vecinos, nos lo enseñaron todo: cómo plantar, cómo mantener la viña, porque ésta es una zona vitivinícola centenaria, más que centenaria, aquí se ha elaborado vino de siempre, de hecho Málaga es una de las denominaciones de origen más antiguas de España, por lo que la gente de aquí conoce muy bien su terreno.

Cuando llegaron a la parcela -que es donde se ubica ahora su bodega y su hogar- el único edificio que había era un antiguo cobertizo de cabras. Y ése fue el punto de partida de lo que ahora es su casa. Lo fueron renovando poco a poco, reconstruyéndolo, añadiendo, pero claro, eso sólo lo podían hacer cuando André no estaba construyendo la otra casa, la que estaba destinada a la venta.

C.V.: Desde el primer momento hemos vivido allí, en el cobertizo. Lo primero que hicimos fue construir una ducha, el resto era súper-primitivo. Estábamos bien, ten en cuenta que la mayor parte del tiempo lo pasábamos fuera.

¿Pero no hacía frío en invierno?

C.V.: Sí, el invierno aquí es duro aunque la gente de la comarca no quiera reconocerlo. En nuestras casas (las que construimos) siempre instalamos calefacción pero las casas del pueblo de toda la vida no la tienen.

equipo de la primer vendimia
Equipo primera vendimia

Detrás de la casa-cobertizo construyeron un pequeño lagar, a la que siguió una pequeña bodega tradicional, pero todavía todo a nivel aficionado.

C.V.: A los tres años ya tienes uva. Empezamos a pisar, con los pies, como hace la gente de aquí, y guardamos ese mosto en barricas pequeñas primero y de 225l después, todas de segunda mano, compradas a los vecinos de la zona.

Lo dejamos fermentar y… un año nos salió un vino más dulce, otro año más seco, otro año nos salió vinagre… No teníamos nada controlado, lo dejábamos todo al azar, aunque preguntábamos a nuestros vecinos un montón. Aún así estábamos súper orgullosos de nuestros vinos.

Los embotellamos en botellas de fantasía como ésas de Pacharán. Nos lo pasábamos genial, vendimiando con los vecinos, haciendo paella al mediodía, pero estaba claro que no era todavía un producto bueno, era más bien un vino doméstico como los que elaboran por aquí, un vino de terreno de los que se venden en los bares y las tiendas de la zona pero que sobre todo es para consumo propio.

El nacimiento de Bentomiz

El proyecto Bentomiz es claramente Clara Verheij así que en VinObjetivo nos interesamos por saber qué es lo que le llevó a Clara a profesionalizarse como bodeguera:

C.V.: Bueno, al principio éramos los dos partes iguales, los dos hacíamos todo el trabajo, incluso yo diría que André más porque por aquel entonces tenía más tiempo libre que yo.

La profesionalización llegó con la necesidad de hacer cambios en la manera de elaborar, alejándose de los usos tradicionales.

C.V.: En el 2003 decidimos que queríamos tener más control sobre la vinificación, ya habían pasado 8 años de elaboraciones artesanales y tanto André como yo seguíamos con nuestras otras dedicaciones, la construcción y la escuela de idiomas. Pero la academia no terminó de despegar, nunca tuvimos suficientes alumnos, había mucho interés pero jamás llegó a ser rentable.

Pero como te decía, en el año 2003 tomamos la decisión de controlar el proceso de vinificación puesto que la uva que teníamos era magnífica. Y compramos más, le compramos su viñedo al vecino, cepas con más de 80 años (es la edad habitual de los viñedos de esta zona, 80,90,100 años…)

viticultor viña verano
Viticultor tradicional

Años después comprarían también uva a pequeños viticultores de la zona pero volvamos al 2003:

C.V.: No éramos los únicos que empezábamos entonces, Telmo Rodríguez había empezado elaborar en Cómpeta poco tiempo antes.

Sustituimos las viejas barricas por barricas de roble francés nuevas y compramos un depósito de acero inoxidable de 500l con equipo de frío. Consultamos con un muy buen enólogo de Málaga, Paco Medina, él nos decía lo que teníamos que comprar, barricas, equipamiento de laboratorio para poder hacer mediciones, etc., y yo empecé a apuntarlo todo, todo, todo. Ahora tengo cuatro “biblias” gordas que son la fuente que consulto de un año a otro, porque es importante saber lo que hiciste el año anterior, por si quiero cambiar algo o nada, si me gustó lo que salió.

Su primer vino profesional fue un vino naturalmente dulce de moscatel que salió al mercado en el año 2004, ya con denominación de origen, porque los años anteriores al inicio de sus actividades profesionales los dedicaron a tramitar todo el papeleo

C.V.: Es muchísimo el papeleo que te piden, mucho y muy complicado. Y los impuestos no son lo peor, lo más duro es conseguir que te autoricen a hacer vino.

Este primer vino fue bien recibido tanto dentro como fuera de España, así que empezaron a vender y a crecer. Fue cuando se dieron cuenta de que el espacio de bodega que se habían montado detrás de la casa no era suficientemente grande.

Así que en el 2005 André empezó la construcción de la bodega actual, en la que estamos ahora.

C.V.: Esto no existía, esto era únicamente montaña. Tuvimos que excavar dentro de la montaña, hacer un llano, levantar un muro, con eso ya pudimos empezar. La construcción de la bodega supuso una nueva marea de trámites, permisos, licencias… Finalmente en el 2006 comencé a elaborar aquí abajo. (La zona de producción se encuentra en la parte inferior de la bodega)

Yo expresé mis dudas de cómo se podía trasladar hasta aquí la uva porque de verdad, no os hacéis a la idea de la verticalidad en la que se encuentra instalada la bodega…

C.V.: La traemos en camiones, no hay problema. Toda la maquinaria que tenemos abajo, que es un montón y además grande, la trajeron en camiones ¡y entonces no estaba hormigonado el camino! La gente de la zona está acostumbrada a estas pendientes.

Viña-y-pinos
Pendientes en Bentomiz

Desde aquel primer vino en el 2004 han pasado muchas cosas. La diversificación se produce en parte por decisión propia y en parte por presión del mercado. El segundo vino de Bentomiz fue el Ariyanas Terruño Pizarroso, que también es un vino naturalmente dulce de moscatel como el primero pero con algunas diferencias:

C.V.: Elaborar un vino dulce de moscatel es lo mejor que puedes hacer aquí, pero queríamos darle un poco más de peso a ese vino y dotarle de unos matices distintos, por lo que decidimos criarlo en barrica. De alguna manera nuestro deseo era que se pareciera a un Sauternes. Siempre nos han gustado los vinos del norte de Europa, principalmente Borgoña, pero también los rieslings alemanes, los vinos de Alsacia.

Cuando nos afincamos aquí no teníamos el propósito de hacer vino, y la verdad es que los vinos de moscatel nunca habían sido nuestros vinos favoritos, en especial los moscateles secos. Pero nos dijimos, estamos aquí y tenemos moscatel así que vamos a aprovechar la uva para hacer vinos elegantes y frescos, un vino de moscatel a nuestro estilo.

Y la decisión de quedarse con la moscatel fue debida a los fallidos intentos con otras variedades:

C.V.: Tuvimos una viña experimental que plantamos gracias a la gentileza de Bodegas Torres que nos permitieron llevarnos sarmientos, conocíamos sus vinos y se nos ocurrió preguntarles. Plantamos pinot-noir, xarel.lo, parellada…, un poco de todo, pero ninguna se adaptó bien y mira que ya nos lo habían dicho los vecinos “Lo de aquí es la moscatel…”

Tuvimos claro que nuestro vino de moscatel tenía que tener nuestro sello y eso pasaba por marcar diferencias en la elaboración. Por ejemplo, yo corto la uva madura pero ni un día sobre-madurada, porque perdería la acidez y ganaría azúcar, y ya sabemos que cada gramo de azúcar se convierte en alcohol. Yo prefiero que mis vinos tengan un nivel de alcohol moderado (todos mis vinos tienen una graduación alcohólica entre 12 y 13). Otra cosa que nos diferencia es el control de la madera, utilizo barricas pero sólo para ciertos vinos y cuando creo que me puede aportar algo que me interese.

Clara a día de hoy sigue siendo una enóloga auto-didacta. Ha hecho cursillos online pero sobre todo he aprendido muchísimo de la gente de los alrededores y del enólogo que mencionamos anteriormente, a quien a día de hoy todavía puede consultar.

C.V.: No soy enóloga, no soy sumiller, no soy nada realmente, pero soy un poquito de todo.

andré uvas
André a la izquierda

De la viña se encarga André. Al principio se encargaban los dos pero llegó un momento en el que tuvieron que separar las labores porque el trabajo se le empezó a acumular a Clara. No obstante André siempre tiene a una o dos personas ayudándole durante todo el año porque en Bentomiz se trabaja en ecológico al cien por cien (no utilizan insecticidas ni herbicidas ni ningún tipo de compuesto químico) y hay mucha tarea de campo con toda la hierba que sobra, el laboreo, etc.

C.V.: Es un trabajo agotador, porque aquí todo es muy inclinado, muy en pendiente. Ten en cuenta además que el suelo es de pizarra, pétreo, hay que cavar alrededor de las cepas para que la lluvia se concentre a su alrededor, hay que podar, etc.

Pero… de la vendimia me encargo yo, el pisado de la uva, la prensa. Además, André también se encarga del restaurante (de eso hablaremos más tarde).

En el 2006 empezaron a elaborar los vinos en la nueva bodega y finalmente, Clara cerró su escuela de idiomas en el 2007 para centrarse totalmente en Bodegas Bentomiz.

André seguía con su empresa de construcción pero llegó la crisis, y como todos sabemos se cebó en ese sector.

C.V.: ¡Menos mal que habíamos empezado otro proyecto! Pero imagínate el palo, todo el dinero que entraba por la actividad constructora ¡dejó de hacerlo! Al menos ya habíamos hecho las inversiones iniciales…

Habían ido comprando depósitos y llegó el momento en el que tuvieron el equipamiento suficiente para poder hacer vino en las condiciones que ellos querían en la planta de abajo. Pero el edificio no estaba terminado, era como una construcción de bloques. Empezaron a hacer visitas guiadas pero sólo les podían enseñar la parte de abajo, el área de producción…

C.V.: Era todo un poco primitivo pero al menos podíamos elaborar vino

Los ingresos por la construcción prácticamente desaparecieron y eso fue un golpe duro, hay que entender que André había construido cerca de 100 viviendas entre casas y villas en la Axarquía. Era el momento de reinventarse.

C.V.: Siempre le ha gustado muchísimo la cocina, ha sido cocinero aficionado durante mucho tiempo así que decidimos profundizar en nuestra oferta eno-turística que ya incluía un tapeo informal después de la visita guiada, ampliando la parte gastronómica. Hasta ese momento, preparábamos las tapas entre las barricas, la verdad es que era divertido y tenía su encanto.

Paso a paso fueron terminando la construcción del edificio pero ya con la idea de que incluyera un restaurante.

C.V.: Con cada ingreso que conseguíamos hacíamos algo, un poco de fachada, más maquinaria… Pero llegamos a un punto en el que nos dimos cuenta de que no podíamos seguir a trompicones así que conseguimos un préstamo que nos permitió acabar el edificio y montar la cocina del restaurante de una vez por todas. Ése fue un paso muy importante.

Cocinero lr
André cocinero

Inauguraron la cocina oficialmente en el año 2015. André compaginaba la restauración y el cuidado del viñedo con la construcción pero los encargos iban claramente en retroceso.

Había que vender más vino.

Hay que vender

De la comercialización siempre se ha encargado Clara.

C.V.: Al principio fue muy difícil porque no te conoce nadie. Como teníamos una producción muy reducida pero de alto nivel teníamos claro que nuestro objetivo no era el lineal del LIDL. Se nos ocurrió que podíamos empezar por arriba, en la alta gastronomía, para posteriormente, cuando ampliáramos producción, ir bajando peldaños y extendiendo nuestra presencia.

Pero ¿cómo se llega a la alta gastronomía?

C.V.: Apuntamos a los restaurantes con estrellas Michelín, pero si tu  mandas una muestra a, por poner un ejemplo, Martín Berasategui y no conocen ni la etiqueta, ni lo van a abrir porque a lo mejor reciben más de 30 muestras al día. ¿Cómo hacerlo entonces? Pues yendo allí en persona.

Su estrategia era sencilla pero genial. Reservaban mesa en un restaurante con dos o tres estrellas y un par de días antes llamaban y pedían hablar con el sumiller. Le explicaban que tenían una reserva pero que además eran bodegueros y le preguntaban si le importaba que llevaran una botella de su vino, a lo que los sumilleres respondían siempre que no, que por supuesto podían llevar la botella.

C.V.: Entonces llegábamos al restaurante, nos identificábamos, le enseñábamos la botella y le preguntábamos si la podía poner en frío. Al final conseguíamos catarlo con el sumiller, contarle un poco nuestra historia y dejarle la botella. Obteníamos un porcentaje de éxito (querían trabajar con nuestro vino) de un 85%.

Mas el éxito de esta estrategia no se reducía a vender su vino a estos restaurantes sino que además, era un reclamo promocional perfecto, podían decir que sus vinos estaban en éste y éste restaurante con estrellas Michelín ¿Qué mejor tarjeta de visita podían mostrar?. Extendieron su alcance por Europa visitando restaurantes en Alemania, Bélgica, Reino Unido, Dinamarca…

C.V.: En Londres estuvimos cinco días y en cada uno de ellos programamos un almuerzo temprano y una cena tardía para echarnos una siesta entre-medias.(Risas)

Clara habla 5 idiomas aunque es muy modesta y dice que el único que habla bien es el holandés, pero estáis comprobando vosotros mismos su nivel de castellano en este reportaje.

C.V.: La venta en bodega también es muy importante, porque la gente que nos visita compra vino y además, pide que les enviemos vino a casa, sea aquí en España o en el extranjero. Esto también los convierte en embajadores de nuestros vinos allá donde residan.

Clara entrevista
Clara Verheij

A pesar del éxito de su táctica comercial, Clara seguía sintiéndose un poco perdida rodeada de un mar de eventos y ferias de vino.

C.V.: Al principio íbamos a muchas ferias de vino, también con el Consejo Regulador (de la D.O. Málaga). Hoy en día todavía asistimos pero nos dirigimos específicamente a los contactos que ya tenemos en lugar de buscar un montón de nuevos importadores que siempre cuesta un enorme esfuerzo y los resultados no siempre son positivos. Nuestra postura actual es apoyar fuertemente a nuestros distribuidores e importadores que ya funcionan, creo que merece mucho más la pena que ellos doblen sus ventas a probar a ver qué tal con dos o tres nuevos que tienen que arrancar de cero. Cada bodega tiene que encontrar su vía, no es algo sencillo, y nosotros hemos encontrado la nuestra.

El viñedo propio de Bodegas Bentomiz alcanza 1,5 Ha. Además, tienen bajo su control algo más de 25 Ha., que cultivan pequeños viticultores de la zona, tuvieron que recurrir a esta solución cuando empezaron a crecer en volumen de ventas y producción. Su ventaja es que los conocían a casi todos, muchos de ellos eran ya personas mayores que elaboraban vino para su propio consumo o dedicaban la uva a la producción de pasas, un producto de gran importancia para la zona. Al sentirse ya cansados por la edad y tantos años de trabajo, no les importa vender la uva y Clara puede decirles cuando quiere que vendimien:

C.V.: La verdad es que ellos saben mucho más de viticultura que yo pero soy yo quien sabe cómo quiero la uva así que la decisión de vendimiar es mía, es súper-importante. Yo voy controlando el ciclo, tomando las medidas, analizando. Si la viña ha cogido alguna enfermedad y no ha sido atajada a tiempo, obviamente no compraré la uva, tiene que ser uva muy sana y se tiene que vendimiar cuando yo digo, pero eso sí, les pago la uva al mejor precio de la zona porque me importa establecer un vínculo sólido y estable con los viticultores.

Han apostado por las variedades más tradicionales de la Axarquía, en blanca la Moscatel de Alejandría y en tinta, la Romé. Esta última era utilizada tradicionalmente para dar color a los vinos blancos y no se elaboraba en solitario.

Esta variedad despertó el interés de Clara y en un primer momento la incorporó a un vino tinto de ensamblaje, aunque ya le rondaba la idea de elaborar un monovarietal de Romé. Con el tiempo esta idea se convertiría en su vino rosado, un vino de gran personalidad y singularidad sobre el que hablaremos en más detalle más adelante.

Tiene buena relación con las demás bodegas de la zona:

Casi todos son amigos y no sólo los de la Axarquía, también tengo muchos amigos en la zona de Ronda. Hay que hacer una defensa del vino de calidad de zona y eso lo tenemos que hacer entre todos, además, es que todos los que elaboramos aquí hacemos vinos diferentes.

Botellas Ariyanas

Aquí hicimos una pausa para bajar a la zona de producción, pero esa parte de la visita, junto con la cata de todos los Ariyanas y una profundización en la Clara más personal, lo dejamos para la siguiente entrega 😉

©Mara Funes Rivas – Septiembre 2018

 

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