Bodegas Valdemar: 125 años no es nada comparado con el futuro por delante

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En un mundo tan cambiante como es el del vino, es complicado que el peso de 125 años de historia y cinco generaciones de viti-vinicultores no ejerza de ancla, ensombrezca la visión a medio y largo plazo, y en definitiva, frene la evolución.

Pero tampoco se ha de ir al extremo opuesto y olvidar o de alguna manera ningunear, lo que nos ha traído hasta aquí, ignorar el trabajo en viñedo propio de más de un siglo y la experiencia en la elaboración, por ir en pos de una modernidad que a veces, es una cuestión meramente efímera.

No todas las familias con tradición centenaria en Rioja han sabido hacer este doble esfuerzo, de mirar al futuro sin la urgencia de lo inmediato sino con la visión entrenada de quien sabe separar la paja del trigo, quien sabe distinguir qué es moda y qué es evolución.

La familia Valdemar sí ha sabido hacerlo.

Y todo comenzó en Oyón…

En un pequeño calado de piedra.

Joaquín Martínez Bujanda lo construye en 1889 en la localidad de origen de la familia, para envejecer los vinos que elaboraba con la fruta de sus viñedos, porque ya desde entonces, en la familia había un espíritu, una emoción, que se ha mantenido a lo largo de cinco generaciones: ofrecer algo personal, único, con personalidad propia.

Familia Martinez Bujanda 1935

El punto de inflexión de la historia tiene lugar cuando Jesús, nieto de Joaquín, inicia una serie de innovaciones, experimentando por primera vez con el envejecimiento de sus vinos en tinos y barricas bordelesas. Y es él también el que instaura una de sus señas de identidad: la búsqueda de viñedos de calidad procedentes de terruños únicos, que den como fruto vinos únicos.

Es esta filosofía de mirar al futuro teniendo muy presente el pasado, la que da cimiento e impulsa a Jesús junto a su hijo, el actual presidente de la bodega, a crear en los años 80 Bodegas Valdemar, un nuevo concepto de bodega moderna, en la que se apuesta por la tecnología más avanzada de la época pero con la concienciación de que todos esos avances debían estar siempre al servicio de la uva que producían sus viñedos únicos.

Plasmación de la filosofía aplicada

La plasmación de esta filosofía vitivinícola se encuentra, por un lado en desafío de incorporar elaboraciones inéditas en aquella época como fue el primer vino blanco fermentado en barrica de España, o la apuesta por la elaboración de la nueva variedad blanca riojana: la tempranillo blanco.

Por el otro, en la reivindicación de las elaboraciones clásicas mimando con esmero sus líneas de Reserva y Gran Reserva que se mantienen inalterables, por encima de modas y tendencias, gracias a la sabiduría que otorga la paciencia y la experiencia.

Vinos que aúnan la fruta nítida y limpia con potencia y estructura, equilibradas con la frescura y sutileza características de esta zona.

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Herencia recibida: Ana y Jesús

La última generación formada por Ana y Jesús Martínez Bujanda ha tenido que lidiar con una gran herencia no sólo genética, sino de aprendizaje en la viña y en la bodega, con la inquietud juvenil de innovar, de explorar.

Apuesta por los Vinos de Finca

Ana y Jesús eran conscientes de que había que re-aprender a escuchar a la tierra y buscando extraer su máxima pureza se esfuerzan en conseguir la expresión única y singular de cada uva, aunando su visión actual con la rigurosa tradición familiar del trabajo serio y concienzudo en fincas y parcelas.

Exploran e identifican aquellos viñedos que por su situación, condiciones climáticas, terroir y variedades, puedan gestar vinos con una personalidad que los hace diferentes y únicos, creando una línea de vinos monovarietales de finca innovadora en la que se vea reflejada la personalidad de cada parcela de origen.

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Devuelven a la infravalorada uva graciano su merecido lugar protagonista. Esta variedad con gran tradición en Rioja sin embargo se ha visto casi en peligro de extinción tras ser a menudo rechazada o relegada por su difícil cultivo. El vino Seis Alhajas es una creación de gran elegancia y personalidad, conseguidas gracias al exquisito cuidado de seis cepas de graciano plantadas en 1990 en la parcela Las Seis Alhajas, a 600 m. de altitud en la Rioja Alavesa.

Descubren los secretos de una uva olvidada y enimágtica: la maturana. Consiguen que la uva procedente del viñedo Balcón de Pilatos que da nombre al vino, con sus tres terrazas con vistas a la emblemática Sierra de Cantabria, alcance una de sus más altas cotas de expresión.

Es por lo tanto lógico que estos vinos tengan una producción muy limitada y que su calidad sea algo fuera de lo común.

Finca Marquesado

Esta finca merece un punto y aparte.

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Localizada en un paraje impresionante de Rioja Oriental, cuenta con unas características realmente excepcionales como pueden ser una altitud media de 600 m., su suelo de cantos rodados y un microclima propio.

En el interior de esta finca la familia descubrió una auténtica joya, una parcela de garnacha vieja singular con la que han elaborado su último hito enológico: La Gargantilla.

Esta micro-elaboración de tan sólo 4040 botellas, es definida por la bodega como “una mirada a nuestro pasado” puesto que en Bodegas Valdemar fueron pioneros en los años 80 -como en tantas otras cosas- en el envejecimiento de la garnacha.

Estamos ante un vino La Gargantilla, en el que reina la fruta con toda su riqueza de matices, un vino que es capaz de expresar la garnacha cuando se sabe extraer toda su esencia.

El Salto al otro lado del Atlántico: Valdemar Estates

En el blog de Bodegas Valdemar publican el 21 de febrero de 2018, hace poco más de un mes, una noticia que dejó atónitos a muchos:

“Hemos colocado la primera piedra de nuestra bodega en Estados Unidos. Vamos a convertirnos en la primera bodega no estadounidense del mundo ubicada en la denominación de origen Washington State Wines” sic. (Valdemar, 2018)

Y una vez más nos encontramos que este salto al futuro está apoyado firmemente en su filosofía como bodega, pero sobre todo, como familia:

“La intención es trasladar nuestra filosofía y saber-hacer a esta zona con este nuevo proyecto.” sic (Valdemar, 2018)

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El salto no ha sido simplemente cruzar el Océano Atlántico sino que también han cruzado el continente hasta el Océano Pacífico, buscando asentarse en la zona de Washington State, segundo lugar en importancia en la producción de vino en Estados Unidos detrás de California. Un área que disfruta de un promedio de dos horas de insolación más que en California y un gran contraste térmico entre el día y la noche.

La historia de la industria del vino de Washington se remonta a la introducción de uvas cinsault por inmigrantes italianos en la región de Walla Walla. Pero es con el asentamiento de tramperos franceses en la zona, que comienzan a plantar uva en la ciudad de Walla Walla, cuando esta zona se convirtió en uno de los primeros líderes en los incipientes inicios de la industria del vino estadounidense.

La familia ya ha adquirido 11 hectáreas en una de las zonas más exclusivas, The Rocks AVA, dentro de Walla Walla AVA (AVA es “a grosso modo” el equivalente a D.O. en Estados Unidos).

No obstante y siguiendo con su tradición en Rioja, están localizando más parcelas y fincas que destaquen por su personalidad para elaborar vinos de gran prestigio.

Para la realización de este proyecto se han apoyado en quienes saben allí. Se han reunido y han obtenido el asesoramiento de diversas universidades, bodegueros, geólogos y enólogos de Washington Estate pero la implicación personal es indispensable por lo que Jesús Martínez Bujanda Jr. se trasladará en breve a vivir y a poner en marcha este ambicioso y emocionante proyecto.

La idea es construir una bodega tipo boutique que pretende ser un referente de esta denominación con un diseño de arquitectura coordinado con el prestigioso Boxwood, puesto que el proyecto también aspira a ser en paradigma eno-turístico de la zona para convertirse en escaparate de los vinos españoles en esta área turística.

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Pasado, Presente y Futuro de Bodegas Valdemar

Si ha habido un concepto constante a lo largo de este artículo, éste ha sido la capacidad de las cinco generaciones de esta familia para buscar la innovación dentro de la máxima calidad sin olvidar las raíces de la tierra y la enseñanza de 125 años de historia.

Esta constante se resume en sus tres pilares fundamentales sobre los que se basa su elaboración:

  • Conde Valdemar: su línea más tradicional y atemporal. Vinos que perduran en el tiempo:
  • Vinos de Finca: El trabajo para extraer lo sublime del terreno y sus variedades, y expresarlo en la botella:
  • Finca Marquesado: Una finca única, expresiva y personal, origen de unos vinos que rompen categorías establecidas gracias a su altura, identidad y expresividad.

El cuarto pilar se encuentra ahora mismo en construcción, Valdemar Estates.

La historia tanto bodeguera como familiar continúa y desde VinObjetivo os la seguiremos contando.

Pero además, podréis conocer sus vinos a través de nuestras catas, trataremos de acercaros toda esa emoción e ilusión que se libera y expresa cada vez que se descorcha una botella que lleva el sello de Valdemar.

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©Mara Funes Rivas. 2018

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