Venimos de Los Arrieros, aquellos héroes olvidados

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Hubo una época en la que no había camiones, en la que el petróleo no se conocía y la información se transmitía oralmente, sin pantallas ni Internet.

En esa época el vino se transportaba en mulas, nobles y fuertes animales que cargaban sin queja aunque con algún rebuzno, todo lo que sus amos, los arrieros, ataran sobre sus lomos.

Los arrieros cruzaban los caminos de España y fueron los culpables de que desde A Coruña hasta Almería, pasando por Valladolid y Albacete, los vinos de Ribeiro fueran los más reconocidos y solicitados en nuestro país, fueron los culpables de que, citando las palabras de Julia Mar Bande Pivida:

“…el ribeiro volara fuera de sus fronteras a lomos de sus mulas”

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Y el abuelo de Julia era arriero, y Julia quería mucho a su abuelo.

Hace ya más de diecisiete años que Julia heredó las propiedades de sus abuelos y fue entonces cuando un sueño hasta aquel momento imposible, empezó a tomar forma:

Los vinos de Son de Arriero.

Julia no los pudo llamar de otra manera, sin su abuelo arriero su sueño nunca podría haberse convertido en realidad.

Y el sueño dejó de serlo para convertirse en aventura. Las protagonistas, las 3 ha. de viñedo plantadas en bancales (terrazas) muy pronunciados, tanto, que provocan el vértigo de quienes los visitan.

“…Únicamente de estas cepas provienen las uvas con las que elaboran sus vinos”

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Treixadura, Lado y Loureira en blanco, junto con Sousón, Brancellao, Caíño Tinto y Ferrol, de los Valles del Avia y del Arnoia.

La zona es de tan difícil acceso que las fincas que rodean la propiedad de la familia de Julia han ido quedando gradualmente abandonadas y como de toda necesidad se puede hacer virtud, Julia ha aprovechado esta circunstancia para practicar una viticultura 100% natural, empezando por el cuidado de la vegetación del suelo, pues en su parcela se mantienen prácticas ancestrales como el pastoreo en invierno y el desbroce en época de vegetación, lo que permite un mantenimiento totalmente natural del suelo. En sus viñas no se hace labor de fondo, por lo que la cubierta vegetal se mantiene todo el año.

Además, no se utiliza ningún tipo de tratamiento ni herbicida para las viñas, puesto que

“…nuestro principal objetivo es el respeto al medio ambiente y al producto.”

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Y yo añadiría: y el respeto al consumidor, porque de estas prácticas tan respetuosas, quienes más y mejor se aprovechan son los afortunados que pueden disfrutar de unos vinos naturalmente elaborados, de la manera más respetuosa con el entorno, y libres de defectos gracias a ese respeto que consigue que las uvas sean perfectas.

También es de vital importancia la elección exacta del día óptimo para vendimiar cada variedad pues todas son diferentes entre ellas y deben y obtienen, atención personalizada.

Todos estos cuidados que rayan en la obsesión se traducen en los vinos Son de Arriero que desde su nacimiento son vinos de gran personalidad puesto que en las propias palabras de Julia:

“…Creemos que para hacer un buen vino es indispensable tener una buena materia prima. El vino para bien o para mal, se hace bueno o malo en la viña”

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Sus rendimientos de viña son muy bajos, estamos hablando de una media de 800 gramos por planta. No debemos olvidar que las cepas son muy viejas, un 50% superan los 80 años.

Para el resto de la producción utiliza variedades que selecciona de las fincas de la zona, que traslada a su parcela donde las injerta. Es muy importante destacar esta labor porque algunas de estas variedades que Julia ha identificado, seleccionado e injertado en su parcela, son variedades prácticamente desaparecidas, fruto del abandono al que han sido sometidas muchas viñas en Galicia.

Los vinos de Son de Arriero, gracias a su calidad y personalidad, son por derecho propio protagonistas destacados del resurgimiento del renombre de Ribeiro como zona vitivinícola.

Y este auge no viene dado porque antes se hicieran vinos malos en Ribeiro y ahora se hagan buenos, siempre se ha hecho buen vino en Ribeiro, pero al igual que en otras zonas también se hacía mal vino y desgraciadamente, intereses económicos de tratantes y negociantes del vino, impulsaron la popularización de vinos de baja calidad, a menudo turbios y con tacto frecuentemente áspero, pero que eran muy baratos, lógicamente, por lo que podían cargarles un buen porcentaje de comisión y aún así, no les resultaban caros al cliente, poco versado o interesado, en el vino de calidad.

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Pero el cliente de hoy en día sí demanda buen vino, y no sólo buen vino en cuanto al olor, el sabor y el aspecto visual. El cliente de vino actual se informa -Internet ha abierto muchas puertas al conocimiento- y quiere saber que el vino que compra no huele de esta manera porque le han echado ciertos polvitos, ni que el precio es reducido porque se ha abonado la viña indiscriminadamente para obtener grandes producciones.

El cliente de vino de calidad sabe que el respeto por el medio-ambiente y que el amor por la viticultura natural tradicional, tienen su traducción en un precio un poco más elevado, pero están dispuestos a pagarlo porque al final, lo que el cliente de vino de calidad espera, es disfrutar con su copa de vino, disfrutar de momentos únicos que sólo los vinos que no se avergüenza de donde proceden, pueden proclamar a los cuatro vientos.

Así son los vinos de Son de Arriero:

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Son de Arriero Castes Auctóctonas Blanco 2015

  • Variedades: Treixadura, lado y loureiro
  • Elaboración y crianza: Vendimia con selección manual. 15 horas de conservación en cámara de frío a 3º. Maceración pelicular de 4 horas antes del prensado. Fermentación alcohólica a temperatura controlada. Crianza de 14 meses sobre lías en acero inoxidable.
  • Graduación: 12,5%

Degustación: Tiene un color amarillo pálido con reflejos dorados y capa media. Limpio y con buen brillo.

Nariz de alta complejidad. Es fresco y limpio y sin embargo, tiene matices oxidados. Los primeros aromas son a fruta madura, cítricos, hierbas aromáticas y heno. Con oxigenación las frutas se hacen más dulces (compotas) y comienzan a predominar las notas de las lías con sus flores secas. Aparecen notas minerales blancas (caliza y pedernal) y férricas. Nariz equilibrada y sorprendente.

En boca se muestra armonioso, con buen paso y equilibrio entre su untuosidad y su alta acidez. Es largo, persistente, sabroso y fresco, aunque graso al mismo tiempo. Los sabores son frutales y minerales, con un final ligeramente amargo que puede desconcertar.

Valoración global y recomendación de consumo: Es un vino de alta complejidad pero al mismo tiempo muy fácil de beber.

Sorprende su calidez proveniendo de Galicia, si bien Ribeiro no es una de sus zonas más frías y siendo 2015 una añada cálida. Su excelente acidez y su untuosidad le otorgan una excelente versatilidad que lo convierte en un comodín gastronómico pues puede acompañar con elegancia desde platos fríos a cremas, arroces y pastas, desde pescados y mariscos a carnes blancas y caza menor.

 

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Son de Arriero Castes Auctóctonas Tinto 2015

  • Variedades: Sousón, brancellao, caiño tinto y ferrol
  • Elaboración y crianza: Vendimia con selección manual. Maceración pre-fermentativa a 10º durante 24 horas. Fermentación alcohólica a temperatura controlada. Fermentación maloláctica en depósito y reposo también en depósito durante 6 meses antes de su embotellado
  • Graduación: 13,5%

Degustación: Tiene un color rojo picota profundo, con capa alta y ribete rosado tirando hacia el rubí, limpio y brillante. Perfecto visualmente aunque podría dar la impresión de ser un vino más joven.

Nariz de intensidad media-alta, bordeando la exuberancia. Muy frutal, combina ligereza con carnosidad aromática: fruta roja fresca y negra madura, pero sin excesos. Notas vegetales otorgan largura: hierbas aromáticas, sotobosque y balsámicos de eucalipto. Especiado, con notas de caramelo duro y tostados; mineral (férrico) y con toques ahumados.

En boca se muestra fresco, franco, directo y en entrada primario (los sabores de la fruta). La fruta está en sazón pero sin llegar a la sobre-maduración ni quedarse en la fruta ácida. Sutilmente sápido y especiado, destaca un postgusto a regaliz y unos toques ahumados. El final es ligeramente amargo lo que le aporta largura. Buena acidez, tanino presente (estructura en boca) pero redondo (no raspa).

Muy bebible.

Valoración global y recomendación de consumo:

Un vino que ha gustado muchísimo sin saberse de dónde venía ni con qué estaba hecho. Se ha valorado su complejidad y franqueza, su buena materia prima y el disfrute que proporciona tanto en nariz como en boca.

Es altamente polifacético gracias a su frescura, estructura y frutosidad. Puede acompañar a ensaladas templadas, tapas elaboradas, pescados en salsa, pescados a la brasa, carnes a la parrilla, arroces… Un vino que da muchísimo juego.

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©Mara Funes Rivas – Julio 2018

 

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