Sedella Vinos: la historia de amor entre un terroir y un viñador

>…mis recuerdos son de vendimiar, conducir el tractor y “la 2 caballos” , y juguetear con los saltamontes entre capachos de uvas mientras se recogía…

>…en la primera bodega donde trabajé aprendí muchísimo y en una edad en la que todo es emocionante ¡hasta lavar un depósito!

>En Sedella no hay ni un solo tractor, pero mulas y mulos para tirar de arado hay muchos ya que es la única forma que hoy todavía existe de trabajar

>Sedella Vinos nace con el objetivo de elaborar vino con el máximo respeto a la tierra, al clima, al paisaje y a las personas que lo rodean. Se trata de comunicar a través de un alimento y ésta es mi meta primordial.

>Sigo aprendiendo día a día y con la misma ilusión que al principio cada vez que veo la viña llorar y empieza un nuevo ciclo.

Lauren Rosillo Marhuenda es uno de los enólogos más reputados de nuestro país, con un curriculum profesional muy granado que se gesta en sus estudios como ingeniero agrónomo y enólogo, y que se extiende a lo largo de sus casi 22 años de trayectoria profesional durante la cual ha dirigido proyectos vitivinícolas en Rioja, Rueda, Guipúzcoa, Sierra de Alcaraz…

Pero muy probablemente vosotros ya sepáis todo esto y lo que yo quiero hacer en este artículo es acercaros al Lauren Rosillo más personal, más íntimo, y con él, daros a conocer sus sueños que desde 2006 son ya una realidad llamada Sedella Vinos.

Para ello tenemos que trasladarnos a Sedella, una preciosa localidad de tan solo 400 habitantes en la Axarquía malagueña con 2,5 hectáreas de viñedo histórico a una altitud de 750 metros sobre el nivel del mar.

A lo largo de nuestro viaje iremos conociendo a Lauren, su forma de entender la viticultura y la enología, su visión del vino y su lugar en un mundo tan digitalizado como el actual.

¿Venís con nosotros?

Los inicios

¿Cuál es tu primer recuerdo en relación con el vino?

Siempre en casa hubo viñas y mis dos abuelos tenían pequeñas bodegas para nuestras viñas como ocurría antiguamente en tantos pueblos. El vino se vendía a granel, pero mis primeros recuerdos son de embotellar con mi padre vinos desde las damajuanas donde limpiaba el vino de forma natural, a las botellas previamente lavadas a mano y recicladas.

Jugar entre las tinajas de estas bodegas era algo muy normal.

Con algunos años más los recuerdos son de vendimiar, conducir el tractor y “la 2 caballos” y juguetear con los saltamontes entre capachos de uvas mientras se recogía.

He leído que tus padres son las personas que más te han marcado en la vida ¿por qué?

Primero por el ejemplo que han sido para todos sus hijos: esfuerzo, sacrificio, constancia, tenacidad y respeto han sido sus valores del día a día.

Y segundo por el cariño que se han mostrado hasta el final. Eso al final es lo más importante en la vida desde nuestra forma de verla. Han sido trabajadores y “disfrutones” al mismo tiempo, eso me enorgullece y me invita a seguir sus pasos.

¿En qué momento y por qué razones decides estudiar Ingeniería Agronómica?

Desde muy pequeño quise dedicarme a algo relacionado con la naturaleza. Mi primera opción era la de veterinario, hasta los 15 años o así que me ilusiono más el mundo del vino, aunque sigo manteniendo la misma pasión por los animales.

Muchos enólogos y viticultores de tu generación salieron de España para aprender otras formas de elaborar y adquirir experiencia en el extranjero ¿También lo hiciste tú?

En mi primera etapa después de salir de la universidad, comencé mi trabajo como segundo enólogo de una pequeña bodega en la Sierra de Alcaraz (Manuel Manzaneque) bajo la dirección del prestigioso enólogo francés Michel Poudou. Con él viajé mucho a Francia durante los dos primeros años hasta que cogí las riendas totalmente de aquella bodega. Posteriormente, ya en mi etapa con la familia Martínez Bujanda, he pasado temporadas en Sudafrica, Nueva Zelanda…

Es una experiencia muy enriquecedora, una vez que tienes tus conocimientos teóricos y técnicos. El poder conocer zonas, gentes y filosofías de trabajo es lo mas enriquecedor: te abre la mente.

Como acabas de comentar, antes de fundar Sedella Vinos has desarrollado una muy reconocida labor profesional en bodegas con ubicaciones, historia y objetivos muy diferentes, bodegas a las que has conseguido colocar como referentes de calidad, cada una con su personalidad ¿Te fue difícil adaptarte a cada proyecto?

He sido poco de cambiar de empresa, siempre me gustó echar raíces ya que en este mundo se te conoce y se ve tu trabajo cuando pasan muchos años. Si cambias de empresa frecuentemente no se ve tu trabajo.

En todos los proyectos donde trabajo o he trabajado he contado con dos cosas fundamentales, la confianza de la propiedad para dejarte trabajar y ser zonas extraordinarias para el cultivo de la vid; con estas dos premisas no ha sido nada difícil adaptarme nunca. En ese sentido he tenido mucha suerte.

¿Qué has aprendido de todas estas experiencias?

La verdad es que sólo he concluido etapa con la primera de las bodegas que mencionas, mi primera experiencia laboral tras acabar los estudios. Allí aprendí muchísimo y en una edad en la que todo es emocionante ¡hasta lavar un depósito! (Grandes risas) 

Con las demás estoy vinculado al 100%, Sigo aprendiendo día a día y con la misma ilusión que al principio cada vez que veo la viña llorar y empieza un nuevo ciclo.

¿Desde cuando tienes la inquietud de elaborar tu propio vino?

Es algo que siempre estuvo en mi mente, desde bien joven, pero fue en 2006 cuando me crucé con Sedella y sentí que era el momento, aunque te aseguro que ha sido una autentica locura, una quijotada. ¡¡Bendita locura!!

Sedella: surge el flechazo

Su altitud (750 m) y su proximidad al mar Mediterráneo y al Parque Natural de las Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama, dan un carácter muy especial a las variedades de uva autóctonas, y a ti te preocupa mucho trasladar ese carácter de paraje a tus vinos.

¿Cómo conociste Sedella? ¿Fue amor a primera vista o por el contrario visitaste la región de la Axarquía en varias ocasiones antes de decidirte?

A primera vista total.

Viajé en Semana Santa de 2006 con mi entonces novia, hoy mi esposa, a la Axarquía para conocer los moscateles de esa zona, tal y como hacíamos frecuentemente cuando éramos novios por toda España. Cuando en un bar de Frigiliana (donde nos hospedábamos) me hablaron de la uva tinta Romé que existía de forma histórica en la parte más alta de esa montañosa comarca. Mi corazón cambió de ritmo y rápidamente subimos por esas carreteras de montaña en busca de algún resquicio de aquellas uvas.

En Sedella, otra vez en el bar ya que por aquel entonces no había RRSS (risas), conocí a Salvador que me enseñó una de las últimas viñas de Romé. En ese mes de septiembre de 2006 compré 400 kg de uva que me subí en el coche a casa, ansioso y deseoso de ver lo que de ahí salía. En noviembre de ese año compré la viña. Poco a poco y gracias a mi trabajo en los demás proyectos he podido desarrollar el proyecto.

La viticultura que practicas es la tradicional de la zona, que incluye a utilización de animales de tiro, arados romanos y técnicas ancestrales. ¿Por qué has apostado por este tipo de viticultura rechazando las facilidades que otro tipo de viticultura te podía aportar? ¿Es únicamente porque aquí, con unas pendientes que pueden llegar a los 45º, es imposible realizar otro tipo de viticultura o es más bien un tema sentimental, de amor y respeto a unas costumbres y unas tradiciones?

En Sedella no hay ni un solo tractor, pero mulas y mulos para tirar de arado hay muchos ya que es la única forma que hoy todavía existe de trabajar esas pendientes y de acarrear los frutos que de ellas salen. Me encanta que esto sea así y esperemos que exista relevo generacional para ello ya que labrar con mula en esas pendientes no es nada fácil ni cómodo.

¿Qué importancia tiene para ti y para tus vinos el mantenimiento de esta forma de vida?

Sedella nace con el objetivo de elaborar vino con el máximo respeto a la tierra, al clima, al paisaje y a las personas que lo rodean. Se trata de comunicar a través de un alimento y ésta es mi meta primordial. También es obtener, mediante uvas autóctonas cultivadas con métodos ecológicos y naturales, un desarrollo de la actividad social en el entorno de la viña y la bodega y promover la comarca a través de un desarrollo racional del minifundio.

Para mi es fundamental respetar el entorno y las tradiciones de estos pueblos, tanto es así que decidí ponerle el nombre de Sedella a mi vino, como homenaje a esos viticultores anónimos, silenciosos que durante siglos han trabajado esas laderas. Ellos son los auténticos héroes, nosotros somos los que recogemos los frutos de aquellos hombres y eso me pone en deuda con ellos de por vida.

Tus métodos de elaboración: vanguardia y tradición unidas

Tú insistes en la importancia de la relación: Terruño, Técnica y Trabajo ¿Dejas lugar a la inspiración en este triángulo?

Claro, el trabajo incluye la intuición, la inspiración y la creatividad. La técnica incluye los conocimientos adquiridos y el terruño incluye el suelo, el clima y las castas que se cultivan.

Primero elaboras con las recuperadas tintas Romé y Garnacha ¿Por qué comienzas elaborando vino tinto?

Fue el “target” (meta) de mi proyecto. Sedella nace de una viña plantada en 1940 y posteriormente para preservar el material genético planté otra hectárea con el mismo desorden y castas, pero mirando al mar, con la que elaboro Laderas de Sedella.

Vidueños de Sedella blanco de guarda ha nacido con la aparición de unas nuevas parcelas de pizarra blanca y muchas castas minoritarias plantadas en ellas,.

Quizás la mayor diferencia que observo entre los dos tintos es la crianza en madera del Sedella mientras que en el Laderas la crianza es mixta cemento-madera ¿Qué querías expresar con cada vino?

Sedella se cría en madera usada, tiene orientación norte y es viña vieja. Laderas de Sedella mira al Sur, es viña joven y se cría en ánforas. El primero es más profundo, longevo y complejo. El segundo tiene un carácter primario mas marcado, mas expresivo, mas abierto.

¿Qué resaltas de la utilización de huevos de cemento para la fermentación y crianza de los vinos?

Los huevos de cemento hacen el mismo efecto que si fueran botellas de vidrio gigantes, el vino evoluciona lentamente y no le aporta nada ¡Son una maravilla! La tinaja de barro es más oxidativa pero en combinación con el cemento queda genial.

Nosotros en VinObjetivo hemos catado ¡y nos ha encantado! el vino blanco Vidueños de Sedella. Es coherente con tu filosofía de elaborar con las variedades autóctonas que te has encontrado ¿Fue una parcela adquirida a posteriori o pertenece a otro viticultor? ¿Siempre quisiste elaborar un blanco o fue una decisión espontánea?

Vidueños ha surgido de mi deambular por estos parajes. A vista desde la bodega encontré dos parcelas de pizarra blanca con moscateles, Romé sueltas como era tradicional y lo que se conoce popularmente como Vidueños que son un conjunto de variedades minoritarias diferentes a la principal de la zona.

Estas castas tenían en su día una misión domestica ya que unas se utilizaban para comer como fruta en otoño, otras se colgaban para Navidad porque aguantaban bien y otras aportaban acidez al vino del terreno.

Sorprende muy gratamente su frescura y gracilidad a pesar de haber pasado por crianza de 8 meses en cemento y barrica usada junto a sus lías. ¿Es esta crianza para ti una mera herramienta para conseguir una mayor longevidad en el vino o consideras que aporta algo más? Porque sin duda es un vino con un largo recorrido por delante

Ambas cosas suceden; se enriquece en manoproteínas que aportan suavidad al vino y en glutatión que es un gran antioxidante. Lo llamo blanco de guarda porque su potencial máximo se expresa tras varios años en botella

¿Te vas a quedar aquí de momento o tienes planes de, bien extender tu portfolio de vinos en Sedella o elaborar en alguna otra región?

Seguiré en la Axarquía, quedan muchas cosas por hacer y no soy muy ambicioso. Tengo una cosa en mente pero todavía es pronto para hablar de ello. La próxima vendimia empezaré con las pruebas.

Tu visión del vino en la actualidad y el lugar que ocupa

En los últimos 10 años pienso que el vino se ha movido mucho, en mi opinión mucho más que en los 20 años anteriores. Antes se marcaba una moda o tendencia y todo el mundo la seguía. Ahora parece que hay muchas tendencias diferentes ¿Estás de acuerdo con eso?

Los últimos 10 años en el vino han sido años de libertad, de libre pensamiento, de creatividad máxima; se han descubierto muchas zonas abandonadas y se ha hecho una evolución regresiva, utilizando el conocimiento pero las técnicas ancestrales. En muchos casos el resultado es un desastre por falta de conocimiento pero en otros el resultado es genial.

¿Qué lugar ocupa el vino en la actualidad? ¿Está más cerca de ser considerado un bien cultural por sí mismo o se sigue viendo como una bebida alcohólica más amable y de acompañamiento a la gastronomía?

El vino es un alimento, pero hoy en día está mucho más ligado al ocio y la cultura que al día a día. Creo que eso va a seguir evolucionando y lo hará en gran medida gracias al enoturismo que es una manera fantástica de enriquecer nuestra mente y de ganar embajadores de este bendito alimento.

Y aquí dejamos, de momento, a Lauren Rosillo, porque sin duda le seguiremos la pista, estamos convencidos de que todavía tiene mucho que expresar, mucho que transmitir de esa hermoso terruño de Sedella.

Pero hasta entonces, disfrutad de las dos catas que en VinObjetivo hemos hecho de su extraordinario vino blanco, Vidueños de Sedella 2017:

©Mara Funes Rivas – Febrero 2019

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